Lo más reciente

¿Ayuso, secesionista?

Isabel Díaz Ayuso actúa como Quim Torra. Este es uno de los lugares comunes que más se viene difundiendo en nuestro debate público. La equiparación se basaría en que la presidenta madrileña, con sus críticas al Gobierno por las decisiones tomadas en el estado de alarma, la desescalada y los confinamientos, muestra una resistencia al Gobierno parecida a la del ex presidente catalán. Como broma, puede pasar. Como interpretación es descabellada. (…)

Esta España autonómica

Vienen años de pobreza y de duelo. Durante ese tiempo los españoles deberán responder a muchas preguntas, algunas planteadas por la clase política y otras planteadas al margen de ella. Por ejemplo: ¿ha ayudado la estructura de la España autonómica a gestionar mejor la epidemia? La respuesta, por ahora, parece ser negativa. (…)

‘Reunionitis’

La reunionitis es irresistible como forma de manejar el ciclo informativo: genera fotos y planos que solo pueden ir acompañados de un análisis superficial (en las tertulias de la mañana: «¿Qué esperan nuestros analistas de la reunión entre X e Y?»; en las de la noche: «¿Qué lectura hacen nuestros analistas de la reunión entre X e Y?»). Es la herramienta definitiva de la política banal. Esta tendencia no ha desaparecido con la crisis del coronavirus. Más bien se ha exacerbado. (…)

En ‘abrazosland’

El problema de los tópicos sobre España no es que crean en ellos personas que no votan aquí, sino que millones de españoles sigan dispuestos a recurrir a ellos. Esto es lo que parece estar ocurriendo en estas semanas de repunte pandémico. Varios expertos y dirigentes han señalado que hay un «factor cultural» que ayudaría a explicar por qué se han disparado los contagios en nuestro país. No se suele aportar más detalle, pero la connotación está clara: nos contagiamos, en parte, porque los españoles somos un pueblo efusivo, sobón, sociable. Quizá, también, algo indisciplinado e irresponsable. El argumento se deshace en cuanto consideramos que tenemos peor tasa de contagios que Italia y Grecia (…)

Un partido peor

Tras la destitución de Álvarez de Toledo, el PP es un partido menos valiente, menos inteligente y menos coherente.

Repasemos: el partido de la libertad destituye a alguien que tenía un perfil demasiado libre. El partido de la responsabilidad individual destituye a alguien que trataba a los votantes como adultos. El partido que se presenta como alternativa de Gobierno destituye a quien articulaba con lucidez y convicción un discurso alternativo al del Gobierno. El partido que habla de recompensar el esfuerzo destituye a quien se le unió cuando estaba en la ruina en que lo dejó el marianismo. El líder que deja a Feijóo desmarcarse de la línea oficial cuando quiera, reclama ahora sumisión absoluta. Podríamos seguir. (…)

Auditar el desastre

Crecen los apoyos a una auditoría independiente de la gestión de la pandemia en España. Pero ¿por qué se está insistiendo tanto en que no debería ‘politizarse’, ni señalar fallos y responsabilidades? (…)

Los europeos

¿Un paso adelante o un salto al vacío? La Unión Europea acaba de hacer las dos cosas. Y convendría que lo destacáramos: el acuerdo europeo no va de nuestras trincheras locales, sino de la continuada voluntad de 400 millones de personas de compartir esta esquina del planeta sin hacernos demasiada sangre. (…)

El Desastre

En España «lo ha hecho todo el pueblo, y lo que el pueblo no ha podido hacer se ha quedado sin hacer». La conclusión que Ortega sacaba hace cien años de nuestra historia sigue siendo sugerente. No tanto por su (escasa) veracidad, sino porque resume una larga tradición de desencanto con las élites de nuestro país. Y la cuestión de las élites cobra especial relevancia en el día del homenaje a los miles de muertos de la pandemia. Al final, es muy difícil sostener que nuestras élites políticas y administrativas han estado a la altura de este desafío. (…)

[Tribuna] Hablar de racismo aquí

A propósito de las reacciones de estas semanas en Europa al asesinato de un ciudadano negro (George Floyd) a manos de un policía en EEUU, deberíamos ser conscientes de -y consecuentes con- el lugar del planeta desde el que hablamos y escribimos sobre racismo. Conscientes de las limitaciones, las variaciones y también las oportunidades que nuestra ubicación permite. Si los europeos queremos tomarnos en serio las cuestiones raciales, deberíamos pensarlas de una forma ajustada a la realidad de nuestras sociedades, y aprendiendo de las soluciones fallidas de otros países. (…)