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Stan Lee o el Creador

La carrera creativa de Stan Lee me parece verdaderamente increíble. No es solo que lograse crear un par de personajes lo bastante sugerentes como para cobrar vida más allá de sus propios guiones. Es que creó muchos. Además de sus superhéroes más conocidos, dio vida a los personajes secundarios y a las némesis que completan y dan sentido a sus historias. Y supo reconocer la fascinación que ejercen las dinámicas de marginación social, o las grandes mitologías de la Antigüedad, o el pacto fáustico con la tecnología, o las ansiedades de la era atómica (pocos síntomas más puros de ella que la creación del increíble Hulk).

Hay algo admirable -e inalcanzable- en esa exuberancia creativa, en esa laboriosidad honrada y popular. Harold Bloom, al glosar el genio de Shakespeare, se preguntaba cómo podía ser que una sola persona hubiese escrito obras tan distintas como Macbeth y El sueño de una noche de verano, Hamlet y Mucho ruido y pocas nueces. En un contexto de cultura popular, podríamos hacernos preguntas parecidas acerca de Stan Lee. Y luego está el elemento de historia sentimental que resulta inseparable de un personaje así. Yo no sé si Stan Lee fue una buena persona, si trataba bien a sus subordinados, si era escrupuloso con sus declaraciones de la renta ni si fue fiel a sus parejas. Sí sé que, durante décadas, millones de adolescentes solitarios se han sentido más acompañados gracias a Peter Parker, Matt Murdock, Bruce Banner, Sue Richards, Tony Stark, Jean Grey, Steve Rogers, Ben Grimm y tantos otros hijos de su prolífica imaginación (…)

Supervivientes de la Gran Guerra

El centenario del fin de la Primera Guerra Mundial ha estado marcado por las admoniciones: nunca debemos olvidar las lecciones de aquella catástrofe. Ese fue el tono que Macron buscó imprimir a las celebraciones de este fin de semana, con el trasfondo del auge...

La definición de la locura

Una cosa es que el PSOE quiera gobernar la España posterior al procés. Otra muy distinta es que pretenda gobernarla como si el procés nunca hubiera sucedido, ni obligara a revisar profundamente algunas de las estrategias de los últimos diez, veinte, treinta años. En esta distinción se resume parte de la impostura del legitimismo sanchista, ese argumentario armado tan a contrarreloj que, en ocasiones, raya la deshonestidad intelectual. Pues no otra cosa es el negarse a extraer conclusiones de hechos -graves- sencillamente porque estas conclusiones te resultan incómodas o te obligan a revisar tus anteriores planteamientos. (…)

¿Usted votó algo de esto?

Uno de los aspectos que definen estos cinco meses de sanchismo es la velocidad olímpica con la que ha sabido crear un nutrido repertorio de argumentos que justifiquen su continuidad en el poder. La rapidez del proceso explica que muchos de los materiales de este legitimismo sean reciclados; otros, sin embargo, son de nuevo cuño. Es el caso del que señala que no hay ninguna razón para convocar elecciones generales, dado que la moción de censura es un mecanismo perfectamente constitucional para acceder a la presidencia.

Pero el argumento parte de una tergiversación interesada. Claro que la llegada de Sánchez al poder fue legal; la cuestión es si resulta deseable que los españoles vayamos a las urnas, no tanto porque se haya producido un cambio en la presidencia del Gobierno, sino porque la situación nacional y las estrategias de los principales partidos han cambiado sustancialmente desde junio de 2016. (…)

¿Libros contra videojuegos?

En retrospectiva, lo que sucedió en Madrid el pasado fin de semana parece diseñado por algún apocalíptico de la cultura. En la capital coincidieron dos grandes eventos: el Festival Eñe -uno de los festivales literarios más importantes del año- y el Madrid Games Week -una gigantesca feria de videojuegos-.

El Eñe partía con varias ventajas, como la entrada gratuita durante todo el fin de semana o el estar ubicado en el centro mismo de la ciudad, concretamente en el cómodo y aristocrático Círculo de Bellas Artes. La entrada para lo de los videojuegos, por su parte, costaba 16 euros por día, y quienes desearan acudir debían desplazarse hasta los desangelados pabellones de IFEMA, última parada del Metro antes de llegar al aeropuerto. Las cifras, sin embargo, hablan por sí solas. A falta de confirmación oficial, podemos suponer que ambos festivales mantuvieron el número de asistentes del año pasado: 4.000 en la fiesta de la literatura, 100.000 en la de los videojuegos. (…)

Historias de las dos palabras

¿Qué es Pedro Sánchez? Izquierda. ¿Quién critica a Sánchez? Derecha. ¿Cuadran los Presupuestos? Izquierda. ¿Y lo de Delgado? Derecha (extrema). ¿Y las elecciones? Izquierda, izquierda, extremaderecha izquierda.

Esta parece ser la pauta marcial que el Gobierno quiere imprimir a los debates políticos y sociales de nuestro país. Si se le pregunta a la ministra de Justicia por el contenido de las grabaciones de Villarejo, su respuesta resaltará el extremoderechismo de sus críticos. Si se pregunta al presidente por el incumplimiento de su promesa de convocar elecciones “cuanto antes”, se explayará sobre la necesidad de hacer políticas de izquierdas, medidas de izquierdas. Los politólogos lo resumen como una vuelta al eje izquierda-derecha, y los historiadores pueden pronosticar un futuro apéndice de aquel libro de Santos Juliá, Historias de las dos Españas. Pero nos encontramos ante algo más tosco y denunciable: la reducción de nuestro debate público al uso de dos palabras, con el objetivo de que una parte del electorado se acostumbre a aceptar los mensajes del Gobierno. (…)

Vox y los perdedores de la globalización

Si Vox es el desembarco en España de la extrema derecha populista y xenófoba que engloba tanto a Trump como a Len Pen y Salvini, ¿siguen siendo estos movimientos, en su nivel más elemental, el grito desagradable pero sinceramente angustiado de los perdedores de la globalización? Quienes llenaron Vistalegre el domingo, ¿eran acaso antiguos obreros de la Ford, molestos por el cierre de su fábrica y el traslado de sus puestos de trabajo a un país emergente? ¿O eran más bien votantes movilizados por cuestiones fundamentalmente autóctonas y que beben de discursos con una larga tradición nacional? (…)

¿Seguro que han perdido?

Hay una historia paralela a la del procés, sin la cual este no se puede entender. Es la historia de las frases balsámicas que se ha ido repitiendo el constitucionalismo con respecto a lo que estaba sucediendo en Cataluña.

Desde el “no van a llegar hasta el final” que se decía en tiempos de Artur Mas al “esto es una pantomima para preparar unas elecciones autonómicas” que se decía en vísperas del 1 de octubre de 2017, pasando por el incombustible “el frente independentista se está resquebrajando”, las frases han sido muchas, variadas y sorprendentemente transversales. Pero todas se han basado en un diagnóstico, presuntamente bien informado, del verdadero estado de ánimo del separatismo. Y su mensaje ha sido siempre el mismo: la situación no es tan grave como parece. En realidad, esto se arregla prácticamente solo.

La última incorporación a esta fecunda historia es el “ellos saben que han perdido”. (…)

Huir hacia delante siempre es una opción

Es fácil olvidarse de ello, entre el ruido diario de nuestra vida nacional y la impresión que transmite de empantanamiento burocrático; pero el Brexit sigue adelante, arrojando lecciones sobre el tiempo que nos ha tocado vivir y dejando señales inquietantes de hacia dónde nos encaminamos.

Tomemos lo sucedido el jueves de la semana pasada. En una cumbre en Salzburgo, los líderes de las instituciones europeas y de sus Estados miembro rechazaron la propuesta de Theresa May para un nuevo acuerdo entre Reino Unido y la UE. Esto no debería haber supuesto sorpresa alguna. Desde el mismo momentoen que la primera ministra británica divulgó su propuesta, los líderes europeos habían dejado claro qué aspectos de la misma no podrían aceptar. Sin embargo, la reacción en Reino Unido, y sobre todo en los medios más partidarios del brexit, ha sido furibunda. (…)

Una Universidad mejor

Los políticos van y vienen, pero las instituciones permanecen. El principal beneficio que podemos extraer de los casos Cifuentes, Casado, Montón y Sánchez no tiene tanto que ver con las carreras políticas de estos personajes como con impulsar mejoras en nuestro sistema universitario. Porque, más allá de las particularidades y las consecuencias de cada uno de los casos, hay razones para pensar que los cuatro son síntomas de problemas bastante extendidos en la Universidad española. Problemas que se pueden y se deben resolver.

Tomemos, por ejemplo, el cum laude que obtuvo la tesis doctoral del presidente del Gobierno. Cualquier valoración de esta nota deberá hacerse a la luz de un dato implacable: más del 80% de las tesis doctorales defendidas en España obtienen el cum laude. (…)