En esta sección encontrarás tanto los artículos de prensa más recientes como algunos más antiguos.

[Tribuna] Volver a la universidad (española)

Luego dirán de las vacaciones de los profesores. A lo largo de agosto, docentes y gestores universitarios han librado un debate en medios y redes acerca del funcionamiento de nuestras universidades, en general, y de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) en particular. La ANECA actúa como un organismo externo que -entre otras funciones- acredita que alguien cumple unos requisitos mínimos para poder presentarse a una plaza. El debate surgió a raíz de varios casos de científicos españoles, reconocidos internacionalmente, cuya acreditación había sido denegada. Algunas voces denunciaron entonces que la ANECA supone un lastre para nuestras universidades, mientras otras decían que es un contrapeso necesario para garantizar la calidad del sistema.

Una de las críticas que se hace a la ANECA es que dificulta la contratación de investigadores formados o con plaza en el extranjero. Al haberme visto en esa situación, comentaré algunas conclusiones que he sacado de la experiencia. (…)

Un Brexit duro

El Brexit ha albergado desde el principio una curiosa mezcla de optimismo y violencia. Frente a las advertencias de los expertos, muchos defensores de la salida británica de la Unión Europea desplegaban una vaporosa convicción: seguro que nos va mejor fuera de la UE que dentro, seguro que no habrá contrapartidas, seguro que los europeos nos darán lo que queremos, y luego los americanos, y los indios, y los chinos. Era una actitud anclada en una suerte de providencialismo nacionalista que aún es bien recibido por muchos votantes: lo conseguiremos porque, bueno, porque somos británicos. Y nadie encarna ese optimismo alucinado mejor que el propio Boris Johnson, capaz de rechazar cualquier advertencia con una frase ligera y bienhumorada. Todo irá bien, no seáis exagerados, nos aguarda un futuro brillante.

Sin embargo, la crisis abierta ayer por la decisión de Johnson de suspender el curso parlamentario, con el fin de que los diputados no puedan impedir una salida sin acuerdo de la UE, muestra que el paso de ese optimismo por el mundo real está marcado por la tensión (…)

Agosto virginal

Hay muchas razones para interesarse por La virgen de agosto. La más evidente es la oportunidad: la recién estrenada película dirigida por Jonás Trueba se centra en una joven que decide pasar agosto en Madrid. La historia ofrece, así, un ejercicio de autovoyerismo para quienes no se han ido de vacaciones y una suerte de cámara oculta para quienes sí lo han hecho. También es llamativa la expresividad natural e hipnótica de Itsaso Arana, que en el papel protagonista aguanta planos larguísimos hasta que, al final, siempre es la cámara la que parpadea. La película desarrolla, además, un juego elegante con la iconografía mariana y con los conceptos de maternidad, feminidad y milagro, aunque todo se supedita a un disfrute tranquilo de lo cotidiano.

Lo más interesante de La virgen de agosto, sin embargo, es su desplazamiento de las referencias del verano. (…)

Coaliciones de papel

La investidura de Díaz Ayuso ha constatado una de las paradojas de nuestro tiempo. Por un lado, nuestra política -nacional, autonómica, municipal- se ha organizado alrededor de dos bloques graníticos. Aunque compitan entre sí, los integrantes de cada bloque parecen haber asumido que están en el mismo saco que los otros y obligados a entenderse con ellos. Las formas de las coaliciones incluso se dan por hechas durante las campañas electorales. Sin embargo, esos bloques terminan armando coaliciones frágiles (…)

Leer sin orden

Leer, sí; pero leer qué, y con qué objetivo. Las preguntas regresan cada verano, cuando uno se ve con tiempo por delante y la imaginación se excita con una mezcla de bulimia y horror al vacío. En la mente aparece una idea: podría ordenar mis lecturas. Podría hacer que se ajusten a un plan. Podría incluso -susurra entre dientes- rellenar lagunas. Pero, como suele suceder con los anhelos de orden y coherencia, esta idea no tarda en naufragar. (…)

Una Ley de Lenguas

‘Por una Ley de Lenguas’ (Deusto) es un ensayo inteligente, ambicioso, original y concienzudo. Y consigue ser todas esas cosas mientras aborda una cuestión complejísima: cómo gestionar la diversidad lingüística de España. Su autora, Mercè Vilarrubias, hace balance de cuatro décadas de política lingüística y, tras señalar sus numerosos problemas, propone adoptar una Ley de Lenguas de ámbito nacional. Esta tendría dos grandes vertientes: por un lado, consolidar la atención y el respeto a los hablantes de catalán, euskera y gallego; por el otro, garantizar los derechos de los castellanohablantes en las comunidades bilingües. Esto dificultaría la cooptación de las lenguas minoritarias por parte de proyectos nacionalistas, y limitaría la capacidad de los gobiernos autonómicos de implantar proyectos monolingües en comunidades que no lo son.

Otro mérito del libro es que no rehúye los aspectos más difíciles del jardín en el que se adentra. Esto lo expone necesariamente al debate y a la crítica. (…)

Sí es sí

Todos son adultos. Los votantes, los militantes y los que tienen asiento asignado en el Congreso. Resulta banal recordar que todos estos adultos son responsables de sus decisiones, y sin embargo hay que insistir en ello cuando nos asomamos a un Gobierno PSOE-Podemos apoyado en los nacionalistas, ya sea hoy, a la vuelta del verano o tras unas nuevas elecciones. Una coalición que le resulta tan poco deseable al propio PSOE que lleva meses tratando de culpar de ella a cualquiera que no tenga carné socialista.

Recordemos otra banalidad: las responsabilidades se pueden compartir, aunque sea en distintos grados. (…)

Sánchez era esto

Los militantes socialistas podían elegir y eligieron, por segunda vez, a Pedro Sánchez. Hace ya dos años de aquellas primarias contra Susana Díaz y Patxi López, y la lectura generalizada ha venido siendo que, para el partido, fue una decisión acertada. Sánchez se aupó a la presidencia con la moción de censura y, una vez ahí, abonó el terreno para que el PSOE recuperara cuotas de poder que eran impensables en los tiempos en que hablábamos de crisis de la socialdemocraciay del auge de Podemos. Hoy el militante socialista tiene motivos para pensar que su decisión activó el regreso al statu quoante bellum: gracias a Pedro, volvemos a mandar.

Las negociaciones para la investidura, sin embargo, ofrecen una lectura distinta. (…)

La España que quieren

Ames a quien ames, el ministro encargado de tu seguridad te odia. Esta fue la triste versión del lema del Orgullo madrileño que Grande-Marlaska dirigió el pasado sábado a cuatro millones y pico de votantes de Ciudadanos y a otros cuatro millones y pico de votantes del PP -además de a los dos millones y medio de votantes de Vox-. Porque a todos ellos se refirió el ministro del Interior al llamar a «hacer frente a esa derecha que se ha unido», esa -según él- «derecha cobarde, hipócrita y cínica».

No se sabe qué ha pretendido decir después Marlaska al señalar que solo hizo una ‘declaración política’ (¿cuál, viniendo de un político, no lo es?), pero en cualquier caso la realidad es terca: los representantes representan a alguien. Y tampoco hizo distingos el ministro entre aquellos cuya postura «debe tener alguna consecuencia, en un sentido o en otro». Un sentido se vio precisamente en el escrache que sufrió la delegación de Cs en el Orgullo; y el responsable de las fuerzas de seguridad del Estado debería aclarar qué otros sentidos tiene en mente. (….)

Votantes de bien

Ante la pregunta de qué les parecería que los socialistas formasen Gobierno gracias a la abstención de ERC y Bildu, un 13% de quienes votaron al PSOE en abril dijo que le parecería muy bien. Otro 7% señaló que no le parecería ni bien ni mal. Y un rotundo 50% dijo que le parecería, sencillamente, bien. Directo, masivo: bien. Una respuesta tan contundente como el recuento final: el 70% de votantes del PSOE no se opone a que su partido gobierne gracias a la abstención de Junqueras y Otegi. Es decir, la abstención de quienes hace dos telediarios rompieron la convivencia en Cataluña e intentaron tumbar la Constitución, y la abstención de quienes dicen que quizá, a partir de alguno de los 856 asesinados, los 2.597 heridos, los 15.000 extorsionados o los 42.000 amenazados, causaron «más dolor del necesario».

El dato se presta a varias lecturas. (…)