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Una especie de superhéroe (en recuerdo de David Gistau)

“Gente que se fue”, el relato central del último libro de David Gistau, arranca con el momento en que una chica recuerda a su antiguo novio, muerto hace seis meses en un accidente de tráfico. El narrador describe el instante como un encuentro de la chica con “su herida abierta de huérfana de novio”. Poco después el protagonista se acuerda de otro huérfano, esta vez de padre. Era uno de los chicos de la pandilla de su infancia, y cuando fueron a visitarle él les preguntó si creían que podría seguir jugando a las chapas: “porque su tío le había dicho hacía un rato que ahora era el hombre de la casa. Y él jamás había visto a ningún hombre agachado en el arenal donde trazaban los circuitos y construían montículos para poder puntuar la montaña”.

El lector descubre unas páginas después que el propio protagonista también es huérfano de padre. Una pérdida en plena adolescencia que ha marcado su vida y que también vino acompañada de momentos de fragilidad y desconcierto: “entró en clase, algo retrasado, y le dijo a la profesora que no podía hacer el examen de matemáticas. -¿Por qué? ¿Has estado enfermo? -No. No he podido estudiar porque ha muerto mi padre.” El relato va solapando así pérdidas y despedidas, algunas trágicas y otras esperables, algunas chocantes y otras vagamente recordadas, que se relacionan siempre con los rasgos de la orfandad: perplejidad, desamparo, preguntarse qué significó todo esto y qué se puede hacer ahora, cómo equilibrar adecuadamente el agradecimiento, la resignación y la nostalgia. Precisamente los sentimientos que se extienden ahora entre tantos. (…)

La letal oposición

Andreotti popularizó aquello de que «el poder desgasta a quien no lo tiene». Y aunque esta máxima tiene mayor aplicación cuando quien está en el poder es alguien de su habilidad, inteligencia y falta de escrúpulos -Sánchez solo rivaliza con el antiguo líder italiano en uno de esos aspectos-, nos permite entender la encrucijada en la que se encuentran los partidos de la oposición. En los últimos días hemos visto un despliegue de distintas estrategias para sobrevivir y medrar dentro de ese bloque: desde la posible alianza de Ciudadanos y PP en las autonómicas vascas, gallegas y catalanas, hasta las duras -e injustas- acusaciones de Vox a los populares por su exclusión de las comisiones del Congreso. Lo que resulta menos claro es que exista una estrategia para que estos partidos salgan algún día de la oposición. (…)

Brexit: adiós a todo eso

La salida de Reino Unido de la Unión Europea, que se hará efectiva esta medianoche, supone la confluencia de muchos finales. Se acaba una larga etapa en la relación política, económica e institucional de aquel país con sus vecinos. Se acaba, también, el convulso proceso político que sucedió al referéndum de junio de 2016. Y se acaban -o, al menos, viven un punto de inflexión- dos debates que han ido en paralelo durante estos años: el de los británicos sobre qué hacer con el Brexit, y el del resto de europeos sobre cómo interpretar el Brexit.

Conviene hacer balance de esto último también. Del mismo modo que hemos leído durante décadas el ‘Adiós a todo eso’ de Robert Graves sintiendo que, aunque esa obra relata una experiencia que nuestro país no vivió, explica algo -algo terrible- acerca del mundo moderno, también nos hemos asomado insistentemente al Brexit con la intuición de que no era algo ajeno a nosotros. Que contenía lecciones decisivas acerca del tiempo y el rincón del planeta que nos ha tocado habitar.

En este sentido, y paradójicamente, los últimos años han mostrado tanto la debilidad del proyecto europeo como su resiliencia. (…)

Perdedores de la dignificación

El 1 de junio de 2018, cuando estaba a escasos minutos de convertirse en presidente del Gobierno, Pedro Sánchez prometió «dignificar la democracia con instituciones ejemplares». A diferencia de otros propósitos, como encauzar la crisis catalana o reorientar la agenda económica, este era sencillo de cumplir. Para tener instituciones ejemplares es suficiente con no bastardearlas; se trata de uno de los pocos aspectos de la gobernación en los que querer es poder. Basta con no utilizar los organismos estatales como agencia de colocación de afines, con respetar al poder judicial y con fomentar la independencia de entes públicos o semipúblicos. Basta, en fin, con asumir aquello de que la mujer del César no solo debe ser virtuosa, sino también parecerlo.

Durante un año y medio, sin embargo, el PSOE ha dedicado sus energías a ir en contra de esta fórmula tan sencilla. (…)

Hablemos del pacto PSOE-Bildu

EL PSOE ha alcanzado un acuerdo con Bildu para los presupuestos de Navarra. Esto no es una especulación. El acuerdo se ha cerrado con el equivalente contemporáneo de ‘luz y taquígrafos’: tuits celebratorios y fotos de las reuniones compartidas desde las cuentas socialistas. La noticia no ha recibido mucha atención, consumido como está el país en debatir algo tan urgente como las actividades marginales sobre educación sexual a las que algunos colegios podrían consagrar -o no- unas horas, algún día. Es decir, la cuestión número 96, aproximadamente, en el ranking de problemas de nuestro sistema educativo. Sin embargo, el pacto PSOE-Bildu merece atención, aunque solo sea por lo que indica sobre la deriva socialista. (…)

Adiós a los tíos legales

Hace años, el historiador Peter Hennessy popularizó la «teoría del good chap». Podemos traducir esto último como «teoría del buen tío» o, en una expresión muy ajustada a la España de hoy, «del tío legal» (…)

Crítica legítima

El nuevo Gobierno de coalición es legítimo. También es legítimo recordar que es exactamente el tipo de Gobierno (coalición PSOE-Podemos apoyada por ERC y Bildu) que Pedro Sánchez y sus portavoces declararon peligroso e indeseable durante la campaña electoral. Como es legítimo señalar que su hoja de ruta para la crisis catalana (mesa de negociación de igual a igual seguida de referéndum sobre los acuerdos alcanzados) no fue presentada a los votantes en las últimas elecciones (…)

El final de una ilusión

Hubo un tiempo en el que parecía que las cosas iban a ser diferentes. Fue un momento fugaz, aunque no breve. Diría que comenzó hacia mediados de 2016 y empezó a desvanecerse (de manera abrupta) el 1 de junio de 2018, en la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez al poder. El certificado de defunción lo expedirá estos días el Congreso de los Diputados cuando invista al mismo Sánchez, con los apoyos de Podemos y ERC, como presidente del Gobierno.

La esperanza en cuestión era que al fin la mayoría de españoles -y lo que es igual de importante: sus representantes políticos- lo había entendido. Que habíamos aprendido las lecciones del pujolismo, de los tripartitos, del Estatuto, del procés, del 9-N, de la Operación Diálogo, del 1-O. (…)