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Selección de artículos anteriores a 2017: política, cultura, vida universitaria, EE UU, Inglaterra…

Los etarras en Cambridge juegan al pádel

Eneko Gogeaskoetxea, otrora uno de los jefes militares de ETA, vivía en Fortescue Road, en una fila de casitas de dos pisos de ladrillo marrón. Casas pequeñas y prácticas, para gente de vida pequeña y práctica. No tenía relación alguna con la universidad, con sus laboratorios de investigación y sus marxistas de facultad de filología. Esto es, el jefazo etarra vivía en el Cambridge tranquilo y residencial, esa ciudad de cien mil habitantes que es la quintaesencia de la pequeña burguesía británica. (…)

El deseo y la pataleta

Es por la necesidad del ‘Deseo hacia el mañana’ que describió Ortega y Gasset por lo que instintivamente simpatizo con las protestas de Sol y del resto de España; bien que con la habitual legión de reservas, asteriscos y notas al pie.

Irse

Irse. Es un recurso tan manido de la indignación: «lo de España es para largarse»; «si esto sigue así, te juro que me voy». Es como hacerse un tatuaje: eso que todos dicen estar pensando hacer y que casi ninguno acaba realizando; eso que se limitan a felicitar. «Qué suerte tienes de irte, qué suerte de no tener que estar aquí». Pero irse siempre supone una pérdida. En las cosas grandes que deben remitir, como las amistades o las relaciones familiares; pero también, y sobre todo, en las cosas pequeñas. (…)

A mundos cuadrados, historias redondas

En la novela Juventud sin Dios, del austro-húngaro Ödön von Horváth (1901-1938), encuentro una frase a la vez deprimente e inspiradora. En un instante de abatimiento, el profesor protagonista de la novela escribe: «yo doy Geografía e Historia. Tengo que explicar cómo está configurada la Tierra y también su historia. La Tierra aún es redonda, pero las historias se han vuelto cuadradas». Nuestra época puede haber desterrado los extremos de la de Horváth, pero en muchas ocasiones vemos repetidos sus mecanismos. (…)

Las placas y los muertos

La University College London (UCL), una de las grandes universidades londinenses, está construida alrededor de un gran patio que separa Gower Street del edificio neoclásico que alberga la biblioteca. Es un patio rectangular, amplio, bonito, en el que nunca faltan estudiantes sueltos o en grupos que comen sándwiches, fuman cigarros o ensayan alguna obra de teatro. Es fácil perderse, por muchas veces al día que uno pase por ahí, la inscripción tallada al pie de las escaleras que reza «In memory of members of the college who died in the service of their country, 1914-1919.» (…)