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¿Cuándo ganó el Brexit?

Los análisis sobre el Brexit suelen centrarse en cuestiones fundamentalmente contemporáneas. Se ha destacado, por ejemplo, la importancia de las herramientas informáticas utilizadas por los euroescépticos en la campaña del referéndum de 2016. También se ha analizado el papel de las redes sociales a la hora de difundir noticias falsas e interpretaciones sesgadas. Se ha señalado, además, el engarce del antieuropeísmo con la ansiedad provocada por la globalización, el cambio tecnológico o la crisis económica que comenzó en 2008. Finalmente, se ha destacado la irresponsabilidad de unas élites que frivolizaron con un tema muy serio por motivos electorales.

Y todo ello es cierto. Pero conviene que nos planteemos lo siguiente: ¿qué habría sucedido si el referéndum se hubiera celebrado en 2006 en lugar de en 2016; es decir, en un Reino Unido pre-crisis y pre-Facebook? Solemos dar por hecho que la opción del Brexit habría sido derrotada clamorosamente, pero hay motivos para dudar de ello. Porque minusvaloramos la capacidad que tuvieron Boris Johnson, Nigel Farage y el resto de euroescépticos para apelar a algunas de las vetas más profundas de la cultura británica (…)

La médula amarilla

Termine como termine, hay algo ejemplar en el choque entre Torra y la Junta Electoral por la exhibición de símbolos independentistas en edificios públicos. Porque las cuestiones que expone van a la médula del problema del nacionalismo catalán en la era democrática. Una médula que, en realidad, siempre ha estado a la vista, aunque una capa de prejuicios calcificados haya intentado cubrirla. (…)

Pedro y el Brexit

La política internacional suele servir de lienzo donde proyectar nuestras fantasías. Es comprensible: hablamos de lugares que prácticamente desconocemos. Pero esto puede llevarnos a analizar de forma parcial los grandes temas de nuestro tiempo, o a no ser consecuentes con lo que nos enseñan.

Algo de esto hubo en el artículo de Pedro Sánchez en El País acerca del Brexit y el nuevo revés de Theresa May. (…)

Mujeres odiadas

La reivindicación de una mayor presencia de mujeres en puestos de liderazgo es una de las caras del poliedro feminista actual. El argumento es legítimo y fácil de plasmar en estos días de precampaña, con ese pleno masculino entre los candidatos a la Moncloa; y en la semana del 8-M se ha convertido en una consigna unánime. Pero, si pasamos de hablar de un colectivo abstracto a personajes concretos, ¿qué hacemos con el hecho de que las mujeres que más han triunfado en la política han sido, también, algunas de las figuras más odiadas de su generación? (…)

Un modesto periodista feliz

Solemos tratar el pasado como si fuera un museo. Al menos, en lo que a la historia de la cultura se refiere. Un recorrido bien planificado que nos lleva de estancia en estancia. Sin embargo, el pasado también tiene algo de mar nocturno donde flotan los restos de un naufragio. De las aguas rescatamos bultos silentes, cada uno con una historia a cuestas: este es un hidalgo del Siglo de Oro, este un minero asturiano del XIX, esta una pintora italiana que vivió el Risorgimento. El problema es que son demasiados. T. S. Eliot lo resumió bien: “tantos, / no sabía que la muerte hubiera deshecho a tantos.”

Uno de estos cuerpos rescatados es el de Eusebio García-Mina, más conocido como Eusebius. Bajo aquel nombre firmó columnas y críticas musicales durante varias décadas en la prensa navarra de comienzos del siglo XX. Uno de tantos modestos olvidados, al que Daniel Ramírez -polifacético periodista de EL ESPAÑOL- ha dedicado una biografía: ‘Eusebius, capitán de la nave de Baco’ (Renacimiento). (…)

¿Aquí está el centro?

En las primarias que le devolvieron a la Secretaría General del PSOE, Pedro Sánchez utilizó un eslogan diáfano: “aquí está la izquierda”. Meses después, cuando hubo que fijar el lema del Congreso federal que lo (re)consagraría como líder, Sánchez insistió: “somos la izquierda”. Entremedias recuperó gestos de dudosa verosimilitud pero contrastada eficacia, como cantar “La Internacional”, puño en alto, al final de los mítines. Porque no hay Historia ni historial que estropeen un buen brindis al sol.

Por ello resulta curioso que, menos de dos años después, ese mismo líder se presente ante los votantes como el paladín de la mesura. (…)

Libros para un juicio

El juicio del ‘procés’ será largo, y se nos hará más largo aún. Esto tiene una ventaja: nos permitirá ponernos al día con algunas lecturas pendientes, o volver sobre libros que leímos hace poco y que, sin embargo, ya parecen muy lejanos. Es otro efecto de la cuña sectaria y frenética que Pedro Sánchez ha introducido en nuestra vida en común: los estados de opinión y las afinidades que parecían sólidas han volado por los aires. Pero desde esta semana las pinzas del paréntesis se alzan y se desplazan. El juicio nos devolverá a la recentísima crisis de la democracia española, la mayor de los últimos treinta años, y nos animará a un ejercicio muy saludable: aprender de lo leído.

En concreto, hay tres ensayos a los que conviene asomarse durante estas semanas: ‘El golpe posmoderno’, de Daniel Gascón, ‘Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña’, de Juan Claudio de Ramón, y ‘Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido’, de Rafa Latorre. (…)

Las lecciones aprendidas

‘Spanish Inquisition’. Desde luego, el titular del reciente editorial de The Times acerca del inminente juicio a los líderes separatistas no se andaba por las ramas. Y entre los constitucionalistas cundieron la indignación, el orgullo herido y una plomiza sensación de déjà vu.

Efectivamente, esto ya lo hemos vivido. Ya hemos pasado días enteros decepcionados por el tratamiento que algunos medios extranjeros daban a la crisis catalana. Ya nos hemos revuelto contra la pereza intelectual que ha teñido numerosos análisis, y ya hemos asistido al inagotable despliegue de energía del separatismo en busca de apoyos internacionales -o de cualquier cosa que pudiera parecerlo-. Por esto deberíamos llegar al juicio del procés con algunas lecciones aprendidas. (…)

Desnudos

En la crisis venezolana hay unas cuantas certezas, y nunca está de más enumerarlas. Primera: Nicolás Maduro es un tirano que se mantiene en el poder a través del crimen, la destrucción de las instituciones y la miseria en la que ha sumido a su pueblo. Segunda: la obligación moral de todos los que, por un puro accidente de nacimiento, tenemos la fortuna de no sufrir esa tiranía es apoyar a quienes sí lo hacen. Tercera: por ahora, la actitud del gobierno español no parece fruto de la prudencia sino de una mezcla de cobardía y desidia. Cuarta: infinitamente peor es la actitud de quienes todavía defienden el régimen chavista y llaman golpe de Estado a la proclamación de Guaidó, cuando esta tiene base legal y Maduro, por el contrario, lleva años instalado en el autogolpe y en la persecución a los opositores.

Más allá de este manojo de certezas, sin embargo, se abre un páramo de duda y fragilidad. (…)