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Casado y su circunstancia

¿Habría llegado Aznar al poder sin los escándalos del felipismo? ¿Lo habría conseguido Rajoy sin la crisis? La respuesta es sencilla: nunca lo sabremos. Pero estas preguntas nos recuerdan que las elecciones no van solamente de lo que ofrece cada partido, sino también de una serie de hechos: los suyos y los de los otros. Si algún día inventamos una máquina del tiempo, por ejemplo, convendría viajar a 2011 para constatar cuántos votaron por el presunto centrismo de Rajoy y cuántos contra la gestión de la crisis por parte del PSOE. O planteemos otro escenario: si Lehman Brothers hubiera quebrado en 2005, ¿habría perdido en 2008 el presuntamente crispado PP del primer Rajoy?

Sorprende, en fin, que tantos análisis sobre el Partido Popular de Casado señalen fórmulas de éxito o de fracaso en una suerte de vacío: ganas cuando ofreces esto, pierdes cuando ofreces lo otro. (…)

La universidad ausente

¿Nos importan nuestras universidades? Si lo hacen, lo llevamos con una discreción extraordinaria. La situación de la universidad española está prácticamente ausente de nuestro debate público, y sobre todo del actual carrusel de campañas electorales. Esto resulta llamativo en primer lugar porque dos de los candidatos a la Moncloa -y también dos de los aspirantes a dirigir la Comunidad de Madrid- han sido profesores universitarios. Pero además, y sobre todo, estamos hablando de un sector crucial para cualquier país desarrollado. La universidad no es solo un ciclo educativo por el que pasa la inmensa mayoría de españoles y que guarda una estrecha relación con la entrada en el mercado laboral. También es un mecanismo básico de formación de élites, sean de las que pueblan ministerios o de las que intervienen en tertulias. Esto es así independientemente de cómo funcione el sistema, de cómo forme a estudiantes y profesores. Por eso es tan importante que lo haga bien.

Sin embargo, cuando la universidad se cuela en el debate público suele ser -literalmente- a título individual. Las polémicas acerca de los estudios de ciertos políticos, o los deplorables boicots que se han producido en algunos campus, no han provocado una reflexión general acerca de nuestro sistema universitario. (…)

El poder no es el centro

Si estas elecciones se han ganado en el centro, eso significa que Carmen Calvo es el centro. O que lo es Meritxell Batet, la ministra que sostiene que no se puede imponer la Constitución a los secesionistas. O que lo es Adriana Lastra, quien se autoproclamaba en vísperas de las elecciones «más roja que mi chupa».

Convengamos, en fin, que hay razones para dudar de que este PSOE encarne el centro. El principal rasgo confesable del sanchismo ha sido su apuesta por llevar al PSOE a la izquierda, tanto en lo simbólico y programático como en la política de alianzas. Finalizar los mítines cantando ‘La Internacional’, normalizar los pactos con Podemos y los nacionalistas y hacer propias muchas de sus tesis -véase la política lingüística del PSOE en Baleares-. Y funcionó: Sánchez comprendió mejor que nadie la peculiar cultura política del simpatizante socialista. Otra cosa es que ese éxito corresponda a una estrategia de moderación.

Quizá lo que el PP ha perdido y el PSOE ha ocupado no ha sido el centro, sino el poder. Los últimos meses han mostrado la capacidad del Ejecutivo para influir en los temas y los marcos de nuestra conversación colectiva. (…)

¿Qué hacemos con Maeztu?

Han pasado 82 años desde que un grupo de milicianos republicanos asesinara al periodista y ensayista Ramiro de Maeztu. De esta forma se ponía fin a la vida de uno de los intelectuales españoles más relevantes de comienzos del siglo XX. Su figura, sin embargo, sigue generando polémica. Hace unas semanas, un colegio público de Córdoba acordó cambiarse el nombre del actual Ramiro de Maeztu al de Miragenil -nombre del barrio donde se ubica-. Las primeras informaciones señalaron que el cambio se debía a un requerimiento de la Ley de Memoria Histórica; el colegio declaró posteriormente que solo se trataba de una decisión de la asociación de padres. En palabras del director, querían «un nombre que no sea político y no tenga nada que ver con la política» y que fuese «consensuado por toda la comunidad educativa».

Esta decisión, sin embargo, no parece haber sido tomada en el vacío. (…)

La moto de Colón

En el principio fue la radicalización. Un día entró en España un frente que llevaba tiempo asolando Europa, una extraña ciclogénesis que no afecta a las nubes sino a los cerebros, y muchos españoles se despertaron súbitamente ultras. Y todos corrieron a una plaza madrileña a reconocerse como hermanos y a fundirse en una masa berroqueña y ceñuda. Como en todo fenómeno paranormal, hay una foto que daría fe de ello.

Es una buena historia, sobre todo para los intereses de quienes ocupan el Poder Ejecutivo en nuestro país. Pero es una historia falsa, y resulta preocupante que tantos la estén dando por buena. (…)

La democracia en peligro

Es la pregunta de moda de nuestro tiempo. Desde 2016 hemos dado mil vueltas a la cuestión de si la democracia está en peligro. El auge de movimientos populistas, nacionalistas y autoritarios ha hecho que se escriban centenares de artículos y se organicen decenas de debates sobre esa premisa, ese sintagma.

Pues bien: en la España de 2019, el mayor peligro para la democracia liberal son los socios del PSOE en la moción de censura. Es decir, sus probables aliados en un nuevo gobierno. En el otro lado del tablero hay partidos cuyas propuestas oscilan entre lo mejorable, lo irresponsable y lo radicalmente equivocado. También hay un partido cuyo historial en las instituciones raya, en algunos aspectos, con lo nefasto. Pero ninguno de ellos exhibe en su práctica política actitudes que van contra aspectos medulares de la democracia, como son la libertad de expresión y de manifestación y el respeto por las reglas del juego democrático. Los compañeros de viaje que ha elegido Sánchez, sí.

Podemos quejarnos de tener que elegir entre estas trincheras. Pero también es irresponsable engañarse acerca de quién se encuentra en cada una de ellas. (…)

Nuestro Parkinson

En España hay unos 160.000 enfermos de Parkinson. El padre de mi novia es uno de ellos. El día que le conocí, miré sus manos de reojo varias veces. Primero, por ver si temblaban; después, porque no lo hacían. Él no dijo nada, aunque estoy convencido de que se dio cuenta. Fue mi primera lección sobre el tipo de persona que es, y también sobre la realidad del Parkinson.

Hoy se celebra el Día Mundial de esta enfermedad, y es buena ocasión para destacar sus muchas facetas. El famoso temblor, por ejemplo, afecta a un 40% de los enfermos. El resto padecen otros síntomas, como la lentitud de movimientos o una progresiva rigidez en el tronco y las extremidades. Luego están los síntomas no motores -«los que realmente te destrozan», aclara el padre de mi novia-: depresión, demencia, cansancio crónico, calambres, problemas con el sueño y más. (…)

Reconquista: el videojuego

Vox tiene una relación peculiar con la Historia. La decisión de comenzar su campaña electoral con un acto en Covadonga confirma la querencia historizante de ese partido. No se trata de algo novedoso: el reciente viaje de Pedro Sánchez a Collioure recordó la facilidad con que los políticos recurren a los lugares de memoria -como los denominó Pierre Nora-. Sin embargo, hay algo cualitativamente distinto en la actitud de Vox. Se suele explicar su apelación a una serie de símbolos -por ejemplo, los vinculados a la Reconquista- como el resultado de una herencia intelectual, una forma de ver la historia de España que se identifica habitualmente con la obra de Menéndez Pelayo. Pero nos encontramos ante algo más moderno. Porque Vox no parece concebir la Historia como un texto sino como un videojuego. (…)

Hernán Cortés, fascista

Hay muchas formas de asomarse a la Historia. La más rigurosa es la que ve esto como un ejercicio intelectual, un trabajo de descubrimiento y explicación. Pero quienes buscan emociones más fuertes deben optar por otras vías. El presidente mexicano, López Obrador, ha elegido una de ellas: asomarse a la Historia desde una perspectiva moral contemporánea. De ahí su petición de disculpas a España por violar en 1519 la Declaración de Derechos Humanos aprobada en 1948. El problema es que esta perspectiva reduce el pasado a un mar de dolor, ignorancia, explotación y violencia. (…)