Artículos

Artículos que guardan relación con algún aspecto de lo literario.

¿Libros contra videojuegos?

En retrospectiva, lo que sucedió en Madrid el pasado fin de semana parece diseñado por algún apocalíptico de la cultura. En la capital coincidieron dos grandes eventos: el Festival Eñe -uno de los festivales literarios más importantes del año- y el Madrid Games Week -una gigantesca feria de videojuegos-.

El Eñe partía con varias ventajas, como la entrada gratuita durante todo el fin de semana o el estar ubicado en el centro mismo de la ciudad, concretamente en el cómodo y aristocrático Círculo de Bellas Artes. La entrada para lo de los videojuegos, por su parte, costaba 16 euros por día, y quienes desearan acudir debían desplazarse hasta los desangelados pabellones de IFEMA, última parada del Metro antes de llegar al aeropuerto. Las cifras, sin embargo, hablan por sí solas. A falta de confirmación oficial, podemos suponer que ambos festivales mantuvieron el número de asistentes del año pasado: 4.000 en la fiesta de la literatura, 100.000 en la de los videojuegos. (…)

Tanta gente que escribe bien

El verano es para los libros, pero también para las ansiedades que los acompañan.

Hace unos días, durante un viaje por Estados Unidos, entré en una librería. Bastaron unos minutos de paseo entre los expositores para constatar que me eran desconocidas todas las novelas expuestas en la sección de novedades, al igual que las de la estantería con el rótulo de Recomendaciones de nuestros libreros. No me decían nada ni los títulos, ni los nombres de los autores, ni los nombres de los críticos cuyo entusiasmo de molde (“una voz diferente que dará mucho que hablar”; “un libro necesario, imprescindible”) adornaba fajas y contraportadas. (…)

El día del milagro del libro

Contra la imagen epidérmica de una práctica solitaria, la literatura aporta diariamente materia a los diálogos, profundidad a las amistades, textura a los amores. Es un lugar común decir que la literatura es un espacio de encuentro, pero se recalca menos lo profundamente improbables que pueden llegar a ser estos encuentros. (…)

2018 en mitad de la noche

El fin de año siempre llega cargado de ruido y certezas. Se juntan las predicciones geopolíticas con el estallido de los petardos, las cábalas sobre Cataluña con los planes de Nochevieja. Son días de muchedumbre, comida y televisión. Y, sin embargo, La canción que mejor resume el cambio de año es un sutil y breve poema acompañado de guitarra: la canción Blackbird, compuesta por Paul McCartney e incluida en el ‘álbum blanco’ de los Beatles. (…)

Los vivos

James Joyce sabía lo que es convivir con nacionalistas. Nos lo muestra en “Los muertos”, el relato final de su colección Dublineses. La historia se centra en una fiesta de Navidad en la que coinciden un modesto profesor de literatura y una nacionalista irlandesa. (…)

Los millenials son los hijos

La identificación y descripción de grupos generacionales es una pésima herramienta explicativa. No sé lo que pensarán otros profesores, pero siento que la inmensa mayoría de cosas que hacen mis estudiantes se explican mejor como el comportamiento de alguien de 18 o 19 años que como una manifestación de las presuntas características de los millenials. Y si pienso en las bobadas que yo mismo hacía con once o doce años, me resultan mucho más explicables como el patrón de disfunciones de un preadolescente que como el itinerario de un xennial, o millenial, o lo que demonios decida la ciencia que somos los del 86.

Estamos perdiendo el tiempo en anécdotas, esencializando cuestiones que, en realidad, solo forman parte del mobiliario de nuestra existencia. Si leímos “Los Cinco” o no, si crecimos con Instagram o no, son cuestiones menores frente a la ansiedad de encajar socialmente en el colegio, la preocupación de si estamos listos para ser padres, la angustia de empezar a sentirse viejo. Y eso salta generaciones, países y culturas. (…)

Los libros que olvidarás

La cultura genera toda una serie de ansiedades. Una de ellas sería la preocupación por no acordarnos de los libros que hemos leído. Por un lado, es una tensión sumamente natural: nunca agrada constatar que la inmensa mayoría de lo que hacemos y pensamos se esfuma en el voraz éter del tiempo. Pero, por otro lado, es sospechoso que esta sensación se manifieste fundamentalmente con libros cuyo conocimiento indica un cierto estatus intelectual. La ansiedad por los libros olvidados suele evidenciar, así, una idea de la lectura como acumulación enciclopédica. (…)