[Publicado en El Mundo el 27 de octubre de 2022: https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2022/10/27/635911c6fc6c83ac188b4580.html ]

Cómo nos molestaba lo de Francoland. Así bautizó Muñoz Molina la tendencia de la opinión pública extranjera a relacionar cualquier cosa que ocurriera en España con la Guerra Civil y con Franco. Ocurrió especialmente durante el procés: la negativa a conceder un referéndum de autodeterminación no se debía a su inconstitucionalidad sino a Franco’s long shadow. El desafío separatista no se explicaba por los años de gobierno de Pujol sino por las heridas del 36.

Muchos achacaron esa reductio ad Francum foránea a la persistencia de estereotipos negrolegendarios. Pero tenía más que ver con otro tipo de ignorancia. Se relacionaba lo que ocurría en España con la Guerra Civil y con Franco porque lo único que muchos sabían sobre la historia contemporánea de nuestro país era que en los años 30 hubo una guerra civil y que después vino un dictador llamado Franco. Sencillamente no sabían nada más, no tenían otro elemento al que recurrir. Por utilizar un ejemplo extremo: si mañana nos enteramos de que hay una crisis en Ruanda, seguramente pensaremos que está relacionada con el genocidio de los años 90. ¿Qué otra cosa sabemos sobre Ruanda?

A los británicos les está ocurriendo algo parecido con el Brexit. La salida de la Unión Europea sigue enmarcando mucho de lo que se piensa y se dice en el extranjero sobre aquel país. Desde luego, aquello supuso una auténtica convulsión política y social que ya está teniendo efectos negativos sobre la economía británica. Esto no quiere decir que todo lo que ocurra en Reino Unido se explique por el Brexit. Tomemos su baile de primeros ministros de los últimos meses. Boris Johnson dimitió principalmente por el escándalo de las fiestas durante el confinamiento; y Liz Truss dimitió por haber presentado un plan económico que tuvo efectos desastrosos en los mercados. ¿Dónde está el Brexit?

Si acaso, podríamos argumentar que Reino Unido está superando su momento populista. En las elecciones de 2019, los británicos debieron escoger entre Boris Johnson y Jeremy Corbyn: populista de derechas contra populista de izquierdas. En las de 2024, y si nada cambia, elegirán entre dos perfiles mucho más grises e institucionales: Rishi Sunak y Keir Starmer. Como ha señalado The Economist, si en 2015 un fervor revolucionario se apoderó de la política británica, en 2022 su sociedad parece haber redescubierto el atractivo de la tecnocracia. Quizá ha llegado el momento de dejar de ver ese país como Brexitland.